¿Como retomar el rumbo a casa?

Camilo Enrique Vásquez Vivanco

Bet (VERSO 10) SALMO 119

“Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes desviarme de tus mandamientos” Sal 119:10.

Perder el rumbo a casa (Bet) puede ocurrir a todo buen creyente, sobre todo viviendo en este mundo lleno de propuestas. Asaf dijo, “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos” (Salmos 73:2). Y esto lo dijo estando sirviendo a Dios en el templo, de modo que puede perder la brújula incluso el que dice estar en comunión.
Nuestro salmista exclama de corazón “Me esforcé tanto por encontrarte…” con la misma intensidad con la cual la sulamita buscaba a su amado, “Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?” (Cantares 3:3). Así podemos andar de despistados al perder el rumbo en un ambiente que no pertenecemos y al cual por negligencia nos hemos vendido. No nos engallemos este mundo es como un palacio en el cual no está nuestro amado pues Él dijo, “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16). Y tal parece que no hemos hecho caso de sus advertencias al decirnos “en el mundo tendréis aflicción…” (Juan. 16:33). Del mismo modo la sulamita traída al palacio de Salomón, estaba lejos de su hogar y su amado estaba fuera de ese lugar atisbando por las celosías (Cantares.2:9), pues el dios de este siglo la tenía embriagada con los falsos aromas del mundo.
Nuestro salmista toma una resolución de fe en medio de la evidente posibilidad de deslizarse aún más, “me esforcé…” y como dice nuestra versión, “Con todo mi corazón te he buscado…”, lo cual indica su sana conversión a Dios. En este despertar hace una oración de sincero auxilio, “…No me dejes desviarme de tus mandamientos”, pues sabe que la palabra de Dios posee lo necesario para hacerle retomar el rumbo de vuelta a casa (Bet). Nuestra casa mientras estemos aquí es la iglesia local la cual Dios mismo llama “casa de Dios” (1 Timoteo 3:15) y lo hace porque allí está su presencia por su palabra y porque allí está su pueblo. Solo allí renovaremos las fuerzas y seremos restaurados y si tú no lo sabes los mismos mundanos te lo dirán, “Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, Ve, sigue las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores” (Cantares 1:8).

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