¡Oye, amigo!

Yo quiero hacerte una pregunta muy seria: “¿Miraría Jesús la pornografía?”

Imagínate a Jesús entrando a pie en alguna de las ciudades de nuestros países. Él viene vestido como lo hacían en la antigüedad, con un manto blanco. Sus pies los lleva calzados con unas sandalias. Los vehículos pasan junto a él a gran velocidad. Nissan. Mitsubishi. Toyota. Nadie se fija en el personaje que camina por la orilla de la carretera, sino que todos fijan sus ojos en un gran rótulo que está puesto justamente a la orilla de la carretera. Muchos se quedan como hipnotizados al mirar la foto de la mujer semidesnuda. Ellos la miran, y la gran mayoría codician a esa mujer. Pero, ¿qué hace Jesús? ¿Acaso piensas que él se queda embobecido, contemplando la pobre mujer que se ha prestado para ser objeto de codicia y pecado? ¡NO! ¿Por qué no? Porque él mismo fue quien nos ha dejado leyes buenas y justas para toda la humanidad. Jesús mismo dio ejemplo por medio de su vida que se puede vivir bajo estas leyes y así agradar a Dios. Él sabe que quebrantar estas leyes lleva a la persona directo al infierno. Veamos tres leyes buenas que Jesús nos dejó y que nosotros no de 

1. La ley del matrimonio

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne (Efesios 5.31). La Biblia manda que la unión física e íntima sea entre un hombre y una mujer que están unidos en el matrimonio. Dios dice que esta unión física es PECADO cuando se hace sin estar casados o cuando se hace fuera del matrimonio. Dios ha hecho esto para proteger lo más íntimo y bello de la pareja y para que los niños se críen en la seguridad de un hogar con padre y con madre. Esto quiere decir que él lo encierra todo dentro del marco seguro del compromiso matrimonial. Todo lo que está fuera de este marco es prohibido, es robo. ¿Estaría bien que un joven que va caminando por la calle le agarre el bolso a una mujer que va pasando y se lo lleve? ¿Verdad que no? ¡Eso es robar! ¿Acaso estaría bien que ese mismo joven pase por la calle y le acaricie el cuerpo a esa mujer? ¡No! Eso sería tomar de ella lo que no le pertenece a él. ¡Eso es robar! Mirar la pornografía también es robar. Porque el que lo hace contempla y desea lo que no le pertenece. ¡No importa si la muchacha se presta  voluntariamente para que su cuerpo sea exhibido de esa manera tan sucia! De todas formas, esa muchacha no le pertenece al que la mira. Si tú miras la pornografía, esa escena entra en tu mente y tú tienes la capacidad de reproducir la misma escena muchas veces para saborearla, cuantas veces lo desees o cuantas veces el diablo te la recuerde para destruirte. Pero, lo cierto es que lo que tú ves o experimentas de esa manera no te pertenece. Si tú miras la pornografía, eres un ladrón. Y al final te haces cómplice del diablo para quebrantar la ley del matrimonio que ha sido dada por Dios. ¡Y los que quebrantan esta ley van al infierno!

2. La ley del amor

El amor no hace mal al prójimo, así que el cumplimiento de la ley es el amor (Romanos 13.10). La pornografía no sólo te destruye a ti cuando la miras; también destruye a las mujeres que se prestan para exhibirse. ¿Buscas tú el bien de la mujer? Entonces no podrás apoyar la destrucción de la mujer, mirando la pornografía. ¿Por qué Jesús jamás miraría la pornografía? Porque él tiene el amor verdadero y sabe bien lo que es amar. ¿Acaso tú lo tienes? ¿Sabes qué es amar? 

3. La ley de la santificación

Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación (1 Tesalonicenses 4.3). Aquí donde dice “fornicación” en español, dice “pornea” en el griego original. Pornea quiere decir “cualquier forma de inmoralidad sexual”. Existen muchas diferentes maneras de cometer pornea (pecar sexualmente). Muchas personas aceptan esa verdad. Pero muy pocos quieren reconocer lo que es el pecado de la pornea mental. Sin embargo, la Biblia nos expone este asunto de una forma muy clara: Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5.28). Los que quebrantan la ley de la santificación van al infierno. *** Tú, que puedes haber mirado la pornografía o que todavía lo haces, ¿qué dices de ti mismo? ¿Acaso no te das cuenta que actúas fuera del santo plan de Dios para la humanidad y que ahora la pornografía ha llegado a ser tu concubina? Con esta concubina tú cometes toda clase de pecado mental y físico. Tu mismo miembro viril ha llegado a convertirse en un monstruo que te domina.  Algunos de ustedes hasta se han degradado hasta el nivel de las bestias del campo y se masturban delante de la pantalla o delante de unas hojas de papel con fotos eróticas. Viven una vida de gusano. Se esconden en alguna parte o se reúnen con otros que son igualmente incivilizados. En esos momentos queda excluida tu misma dignidad y todo lo que se llama hombría de acuerdo al plan de Dios. Lo más triste del caso es que ni Dios mismo puede llegar cerca de ti, ya que él es santo y tú eres un terrible sinvergüenza y sucio pecador. La pornea que tú cometes no te hace feliz. ¿Has visto alguna vez a un fornicario feliz y contento? ¿Acaso has visto a alguno que se da a la pornografía que tenga la paz y la serenidad con la cual Dios desea que vivamos? ¡Tú sabes que no! La felicidad está en que la persona viva de acuerdo al plan de Dios. Esto quiere decir que Dios es el primero en su vida. Tal persona busca la santificación… ¡y halla la satisfacción! Esta persona acepta el matrimonio como el plan divino de Dios y busca el bien de su esposa con actos de amor y dominio propio, no con actos de egoísmo cruel. En lugar de exigir, comparte. Esta persona sí es feliz y tiene paz. Bienaventurados [dichosos, felices, contentos, benditos] los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mateo 5.8).  Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios (Hebreos 13.4). Los que practican la fornicación (incluso la fornicación mental, o sea la pornografía) van al infierno. La Biblia dice: Los fornicarios (…) tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre (Apocalipsis 21.8). ¡Pero esto no tiene que ser así! Dios también te dice: Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3.19). Si tú eres esclavo de la pornografía entonces este texto es para ti. Este mensaje está lleno de esperanza. Aunque eres un pervertido, Dios te ama. Él aborrece tu pecado, pero te ama a ti. Dios quiere perdonarte por medio del sacrificio de su Hijo amado Jesucristo. Su amor y misericordia son más grandes que tu mal. Pero tú tienes que tomar algunos pasos muy importantes: 1. Tienes que arrepentirte de todo corazón. Tienes que contemplar la santidad de Dios en su palabra y permitir que su Espíritu Santo te quebrante completamente. Tienes que confesar tu pecado a Dios, a tu familia y a tus amigos a quienes has engañado durante tanto tiempo. Al Dios ver que tú deseas ponerte a cuentas con él, entonces te regalará el perdón que viene por medio de la sangre preciosa de su Hijo Jesucristo. 2. Tienes que abandonar por completo todo tipo de pecado. Ahora mismo comienza la limpieza. Quema todas tus revistas o películas pornográficas. Saca de tu computadora o de tus gavetas toda esa perversidad sucia. ¡Destruye tu televisor! Diles a tu familia y a tus amigos que tú estás limpiando tu vida por amor a Dios y a causa de la pureza que Dios desea que tengas en tu vida. Empapa tu vida con la Biblia y la oración diaria. Llena tu mente con las cosas que son puras. Si tú haces eso, Dios restaurará tu pureza. Él restaurará tu hombría. Y sobre todo, ¡él cancelará el lugar que tienes reservado en el infierno! ¡Aleluya! —Pablo Yoder La Publicadora Lámpara y Luz le ofrece gratis un estudio bíblico por correspondencia. Pídalo de: Publicadora Lámpara y Luz 26 Road 5577 Farmington, NM 87401, EE.UU. Tel.: 505-632-3521 E-mail: lamplight@emypeople.net

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