El Cristo de los Andes

La tensión entre Chile y Argentina crecía,

y el fantasma de la guerra amenazaba con convertir a la cordillera de los Andes en un escenario sangriento. Estaba en juego el lindero entre las dos Repúblicas. Pero la presión ejercida sobre sus respectivos gobiernos les llevó a aceptar un arbitraje. Ambos aceptaron el laudo de 1903 y desistieron de la idea de un conflicto bélico.

Viejos cañones fueron fundidos para convertirlos en un monumento de diez metros de altura, a 4200 metros sobre el nivel del mar. Es una figura de Cristo y fue levantado sobre el lindero entre las dos naciones. En la base se lee: Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor. Una mano está extendida para bendecir las naciones que estaban en pugna.

Es un elocuente recuerdo de las palabras de Cristo en Juan 12.32: Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Cuando Él nació, los ángeles declararon, En la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.

Pero desde que Adán y Eva desobedecieron a Dios en el Huerto de Edén, el hombre ha estado en enemistad contra Dios y necesitado de la reconciliación. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo … Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él, 2 Corintios 5.19,21.

A lo mejor usted sabe del “Cristo de los Andes”, ¿pero qué sabe del Cristo que hizo los Andes? Aquellas montañas fueron hechas por el Creador del universo. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios, Salmo 90.2. El Hijo de Dios ha declarado que el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, Mateo 24.35.

El Señor Jesús fue “levantado” en la cruz para atraer a todos a sí mismo. ¿Usted será atraído a Él hoy mismo para que sea su Salvador? En este momento Cristo está esperando, con sus manos perforadas, e invita, Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar, Mateo 11.28. Él es la única esperanza que usted tiene para la eternidad, y sin Él usted va a estar eternamente perdido.

 

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